Un multitudinario público contempla, bajo un silencio sepulcral, como la procesión baja por las calles del Puig de Missa. Las figuras de Jesucristo, portadas por hasta cinco cofradías, se funden con el paisaje característico de la isla y una puesta de sol que otorgan un carácter todavía más lúgubre a la procesión que este Viernes Santo ha recordado el día de la crucifixión de Jesucristo con un emotivo homenaje que ha recorrido las calles de Santa Eulària por cerca de tres horas.
Apenas unos minutos después de las ocho de la tarde, desde la iglesia ubicada lo alto de Puig de Missa, decenas de personas comienzan su marcha por el Santo Entierro. El primero de ellos porta una cruz dorada, que muestra con orgullo, en todo lo alto.
Tras él aparecen una legión de romanos. Fueron esos soldados, bajo la orden de Poncio Pilatos, quienes ejecutaron la crucifixión de Jesús de Nazaret. Precisamente cuatro hombres portaron por las calles de Santa Eulària la representación de esa cruz.
Tras ellos marcaba el paso la primera de las orquestas participantes en la procesión. Una cincuentena de personas, con sus instrumentos de percusión y de viento, le dan ese tono solemne a una jornada cargada de misticismo.
Tras esa banda aparecen los más pequeños. Un grupo de niños y niñas, vestidos de pastores, siguen el paso, lento, del Santo Entierro.
Después de ellos marcha la primera de las Cofradías, la de Santa Marta -figura bíblica reconocida por su hospitalidad y por acoger a Jesús en su hogar-. Ataviados con vestimentas rojas y verdes, portan a esa Santa en un paso repleto de flores.
La siguiente cofradía en aparecer en escena es la de Cristo atado a la Columna. Vestidos con los mismos colores que la anterior, la imagen de Jesucristo se muestra de pie, atado.
Posteriormente marchaba la Cofradía del Cristo nazareno. Vestidos en este caso con el lila como color principal y una túnica blanca, la imagen que cargaban mostraba a Jesús portando, sobre su hombro, la cruz.
Ahí volvía a hacer su aparición el apartado musical. Lo hacía con la Banda de Música de Santa Eulària, que cuenta con cerca de un centenar de integrantes.
El siguiente paso lo marca la Cofradía del Cristo de la oración. Vestidos de negro en su túnica, con los complementos en rojo, portan en su paso a Jesucristo ya crucificado.
La última de las Cofradías es la del cristo yacente, que visten de blanco y negro y portan la imagen de Jesús ya en el interior del ataúd.
Tras esas cofradías, aparecen en escena una treintena de mujeres, vestidas completamente de negro, en señal de duelo, como su rostro, serio, refleja.
A continuación aparece la última de las imágenes, la de la Virgen María, que es portada por seis mujeres. Tras ella, la música cierra finalmente una multitudinaria procesión del Santo Entierro.
Decenas y decenas de personas han acudido este viernes por la tarde noche a disfrutar del solemne espectáculo. Se situaban a los alrededores de las calles, tanto en el Puig de Missa como en el centro urbano de Santa Eulària, respetando siempre el silencio que esta procesión profesa.
Desde lo alto de Puig de Missa se ha iniciado el descenso por la Avenida del Padre Guasch. Cruzando las calles Pintor Laureano Barrau y Sol se ha llegado hasta la avenida principal de Santa Eulària, la calle San Jaime, donde más gente se ha agolpado. Tras ese recorrido, la procesión ha emprendido el camino de vuelta hacia Puig de Missa, poniendo fin así al Santo Entierro.