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El pánico por la intoxicación intencionada de animales se traslada a ses Figueretes

Restos de una substancia amarilla, posiblemente azufre, localizados en la calle Formentera.

| Eivissa |

Si hace una semana la alarma por el envenenamiento intencionado de animales saltó en Sant Rafel, este fin de semana el pánico entre los propietarios de mascotas se ha trasladado al barrio de ses Figueretes, donde un gato ha muerto a causa de una intoxicación, al parecer intencionada.

Santiago Yepes, cotitular de una clínica veterinaria de la calle Navarra, en ses Figueretes, confirmó ayer que se produjo un caso «hace tres semanas» que podría deberse a una intoxicación intencionada.

Se trataba de un felino callejero que presentaba abundante salivación y fuertes convulsiones. El animal falleció en pocas horas sin poderse hacer nada para salvarlo. Yepes señaló que, al no tener dueño, no se efectuó ninguna prueba que pudiera determinar si el origen de la intoxicación se debía a alguna substancia nociva.

Por otra parte, las redes sociales hablaban ayer de otro gato víctima del veneno, un nuevo caso que ha generado una creciente alarma entre los vecinos. Sin embargo, Yepes afirmó no conocer ningún otro incidente, excepto del que atendió tres semanas atrás.

En las redes se advertía del peligro en las calles Navarra, Galicia, Ramón Muntaner y Formentera, donde PERIODICO de IBIZA Y FORMENTERA encontró restos de una substancia que podría ser azufre, utilizado para ahuyentar a los canes y evitar que orinen en determinados sitios.

Algunos vecinos se mostraron preocupados por la situación. «Da miedo imaginar que un niño pueda llevarse el veneno a la boca», explicaba Toni, que trabaja como barbero en la zona.

Paqui, otra vecina, paseaba a su gato Nino tomando toda clase de precauciones para evitar que su mascota pudiera acabar envenenada.

A su vez, Katja, una alemana que hace cuatro que reside en Eivissa, recordaba que diez años atrás el barrio vivió una cadena de envenenamientos que afectó a más de 50 gatos y perros. En esa ocasión perdió a Látigo, su pastor alemán, que murió envenenado por alguien y desde entonces lucha, junto con otros amantes de los animales, por cuidar a los perros y gatos abandonados.

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