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La cofradía Santo Cristo de la Agonía celebra más de medio siglo de vida

La imagen del Santo Cristo de la Agonía en procesión. Foto: S. C. A.

| Eivissa |

En 1957, y como clamor popular entre los fieles de la parroquia de Santa Cruz, nació la idea de ir recogiendo donativos para comprar una imagen. Fue en octubre de 1959 cuando finalmente la talla de El Santo Cristo de la Agonía llegó a Eivissa gracias a la aportación de muchos devotos. En ese momento nació la cofradía Santo Cristo de la Agonía, por iniciativa de Lucas Ramón Torres, por aquel entonces párroco de Santa Cruz y actualmente deán de la Santa Iglesia Catedral. Así lo recuerda hoy para PERIODICO de IBIZA Y FORMENTERA, el cofrade de honor Alberto López Alcaraz, quien se inscribió en 1979 en la hermandad cuando tan solo contaba con 5 años de edad. López es uno de los cofrades más antiguos de El Santo Cristo de la Agonía y, además, guarda su archivo histórico, motivo por el cual ha decidido celebrar la historia de esta hermandad que cuenta con más de 50 años de tradición en Eivissa.

En los inicios, contó con un gran número de inscritos, llegando a alcanzar los 200 en tiempos en los que incluso, diferentes colectivos de fieles portaban la imagen en distintos tramos de las procesiones. Sin embargo y según explica Alberto López, a finales de los 70, la cofradía sufrió una dura crisis por una caída en el número de cofrades, que de aquellos 200 pasó a tener unos 50. Por este motivo, los responsables decidieron dejar de portar a hombros la talla y proveerla de ruedas «que hacían muy complejo el descenso por las calles de Dalt Vila dada su pronunciada inclinación y el peso de las tallas».

Cientos de anécdotas

Aquellos tiempos de crisis dejaron anécdotas para el recuerdo, como el hecho de que la decoración que llevaba el Santo entonces se fundamentara en hojas de esparraguera que traía del campo algún pagés. «Y es que éramos muy pocos socios, el presupuesto era reducido y no había para más», explica divertido Alberto López.

En el mismo sentido, tampoco había efectivo en aquellas fechas para comprar las baterías necesarias para la iluminación de la talla. Para solucionar el problema se apañaban con un generador de luz, «muy ruidoso, por cierto, que acompañaba al Santo con un sonido no demasiado agradable y que los asistentes a las procesiones, despistados por el ruido, confundían con un motor que movía el paso», comparte López.

Hasta aquel momento, solo hombres y niños que ya hubieran tomado la primera comunión eran posibles nazarenos o costaleros. No obstante, cuentan en Eivissa, que muchas mujeres deseosas de poder acompañar a su imagen en las procesiones de Semana Santa, se vestían de nazarenos, y una vez con la túnica y la cabeza tapada podían desfilar, pues nadie las distinguía. «Fueron muchas las personas que lucharon en la cofradía para que esa realidad cambiara y que las mujeres pudieran entrar a formar parte de El Santo Cristo de la Agonía», rememora este cofrade de honor quien añade que, el cambio llegó a principios de los 90.

Poco después, cuando ya tenía unos 120 fieles la cofradía pudo volver a portar su imagen a hombros, con ese método denominado «a costal», y que la distingue del resto de cofradías de Eivissa. También las mujeres comenzaron a llevar la carga y así, según recuerda el cofrade mayor, fue creciendo el número de personas que procesionaba con el Cristo.

Fue en el año 2000, cuando los Antiguos Caballeros Legionarios de Ibiza y Formentera propusieron a la cofradía escoltar al Santo durante la procesión. «Propuesta que la hermandad valoró positivamente y una escuadra de entre 9 y 12 legionarios, comenzó a desfilar junto al Santisimo Cristo de la Agonía desde entonces».

Necesaria restauración

Hoy en día, la Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía está centrada en la dotación económica que debe reunir para someter a la talla a una exhaustiva y necesaria restauración dado el paso del tiempo y las muchas salidas en procesiones y demás que ha realizado esta imagen. «Es un Cristo que trabaja y sale mucho y que se ha llevado algún golpe que otro y por eso, con el paso del tiempo, se ha hecho necesaria una buena restauración», comenta Alberto López.

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