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Fernando Romay y sus vacaciones en Mallorca: chapuzones en el Mediterráneo y un chiringuito de parada obligatoria

El exdeportista finalmente se podrá jubilar gracias al proyecto de Real Decreto que permitirá que la Seguridad Social reconozca sus años de trabajo en el deporte como cotizados

Fernando Romay durante sus vacaciones en Mallorca en el año 2008. | Foto: Julián Aguirre

| Palma |

Fernando Romay, leyenda del baloncesto español y emblema del Real Madrid, finalmente podrá acceder a la jubilación gracias al proyecto de Real Decreto impulsado por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Esta medida permitirá que la Seguridad Social reconozca como cotizados los años de trabajo de quienes fueron deportistas profesionales entre los años 80 y 90, poniendo fin a décadas de reivindicación por parte de este colectivo. Esta iniciativa cumple la promesa gubernamental de solucionar una anomalía histórica que ha afectado a centenares de deportistas españoles.

El origen del conflicto radica en la legislación deportiva vigente durante los años 80 y 90, cuando los atletas de élite no podían cotizar a la Seguridad Social. La normativa les clasificaba como «amateurs compensados» en lugar de profesionales, siguiendo la filosofía olímpica que prohibía la participación de deportistas profesionales en los Juegos Olímpicos. Esta situación legal dejó en un limbo administrativo a generaciones enteras de deportistas que dedicaron su vida al deporte de alto nivel. Al margen de este trámite administrativo, Fernando Romay continúa fiel a sus vacaciones estivales en Mallorca, isla que ha visitado durante más de tres décadas.

Fernando Romay en Cas Català en 2013. FIRMA: CLICK

El exjugador siempre que viaja a la isla disfruta de chapuzones en el Mediterráneo y de la gastronomía local en sus establecimientos favoritos de la isla balear. Uno de los lugares de parada obligatoria para el exbaloncestista es el chiringuito La Bugambilia, desde donde en una ocasión aseguró que «pese a haber viajado por todo el mundo, ningún lugar es mejor que Mallorca». Estas declaraciones reflejan el profundo vínculo que Romay ha desarrollado con la isla a lo largo de los años.

La conexión de Fernando Romay con la isla balear

Fernando Romay ha definido su relación con Mallorca más allá del turismo convencional. El exdeportista incluso ha llegado a decir que viene a «mallorquinear», una expresión refleja su integración en la cultura y el estilo de vida mediterráneo de la isla. La fuerte conexión emocional y personal que mantiene con Mallorca se ha forjado a lo largo de más de 30 años de visitas continuadas. Romay no se considera un simple visitante, sino que ha desarrollado una pertenencia afectiva al territorio insular que visita cada verano sin excepción.

En 2015, la isla retribuyó este cariño distinguiendo a Fernando Romay como «Veremador Honorífic» por la Denominación de Origen Pla i Llevant en Mallorca. Este galardón supone un reconocimiento a su vinculación con la cultura vitivinícola mallorquina y su compromiso con la promoción de los productos locales de la isla. Este título honorífico no solo refleja la afición de Romay por los caldos mallorquines, sino también su integración en las tradiciones y costumbres de la isla mediterránea. La DO Pla i Llevant reconoció así su labor como embajador informal de los vinos de la zona.

Fernando Romay es uno de los baloncestistas más emblemáticos de la historia del deporte español. Nacido en 1959, desarrolló su carrera profesional principalmente en el Real Madrid, club con el que consiguió numerosos títulos nacionales e internacionales. Con sus 2,13 metros de altura, se convirtió en un pívot de referencia en el baloncesto europeo durante los años 80. A nivel internacional, Romay participó en tres Juegos Olímpicos y fue parte fundamental de la selección española que obtuvo la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984.

Su trayectoria deportiva abarcó desde finales de los años 70 hasta mediados de los 90, precisamente el periodo afectado por la legislación que impedía a los deportistas cotizar a la Seguridad Social. La problemática tiene su origen en la normativa olímpica internacional y la legislación deportiva española de la época. El Comité Olímpico Internacional mantenía una filosofía amateur que prohibía la participación de deportistas profesionales en los Juegos Olímpicos, una norma que se mantuvo vigente hasta finales del siglo XX.

Para no contravenir esta norma internacional, España clasificó a sus deportistas de élite como «amateurs compensados», una figura legal que les permitía recibir compensaciones económicas sin ser considerados profesionales. Sin embargo, esta clasificación tuvo como consecuencia negativa que no pudieran cotizar a la Seguridad Social durante sus años de actividad deportiva.

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