El dragón azul (Glaucus atlanticus) es un animal marino del tamaño de una moneda que fue documentado por primera vez en aguas de Ibiza en el año 1705 por el biólogo Johann Philipp Breyne, y desde entonces ha habido pocos avistamientos. Esta especie vive en corrientes tropicales y subtropicales del Océano Atlántico, la costa de Sudáfrica y en aguas europeas y australianas, aunque también ha sido avistado en el Pacífico y en el Océano Índico. A pesar de todo, es raro verlo en nuestras costas. Este verano, la científica marina Gádor Muntaner avistó un dragón azul en aguas mallorquinas, un hecho sumamente inusual.
El dragón azul flota bocabajo contra la tensión del propio océano. Viven en mar abierto, aunque ocasionalmente pueden verse arrastradas hasta la orilla. Además, son hermafroditas.
Su aparición en las costas españolas, en concreto en las costas canarias, baleares y de la Comunitat Valenciana se relaciona con el cambio climático y la remisión de la corriente del Atlántico Norte (AMOC), vital para el equilibrio del planeta. El dragón azul es el responsable del cierre de numerosas playas de nuestro país durante este verano, hecho sin precedentes y que pone de manifiesto las consecuencias del cambio climático en la fauna marina.
El dragón azul no es venenoso en sí, pero se alimenta de medusas venenosas como, por ejemplo, la temida carabela portuguesa, cuya picadura puede llegar a ser mortal. El dragón azul consume el veneno, lo almacena y lo convierte en un veneno aún más peligroso, por eso los expertos advierten que si ves uno, no lo toques, ya que puede producir urticarias más potentes que la de las medusas.
Los buenos son los dragones naranjas 😉