El fútbol es mi gran pasión, muy irracional, pero pasión. He amado este deporte como juego, como diversión, como escuela de vida y como aprendizaje de la derrota porque en el fútbol no hay justicia, solo resultados y eso es muy difícil de aceptar.
Llevamos un tiempo asistiendo a una deriva inquietante en la que los valores han sido sustituidos por la necesidad de mover grandes cantidades de dinero, cometiendo injusticias con tal de crear un espectáculo en detrimento del juego. Creo en los valores del deporte, pero observo que están en caída libre. Parece que en el mundo del fútbol todo esté permitido.
¿Les parece moralmente aceptable que una entidad pública de la República Democrática del Congo financie con 45 millones de euros al FC Barcelona? Tiene que haber un límite ético. Es insultante que el país que tiene la posición 182 en el mundo, en términos de renta per cápita, facilite que a Lewandosky le paguen cantidades abrumadoras. ¿Qué puede pensar un modesto ciudadano sueco que con sus impuestos contribuye a la ayuda al desarrollo que su país facilita a la República Democrática del Congo? Yo me declararía objetor fiscal inmediatamente.
¿Qué decir de la decisión de la liga de fútbol de llevarse el partido Villareal-Barcelona del campeonato español a Florida (EEUU) con desprecio total al sentido de la competición? Lo peor es que el presidente del Villareal no se corta para hablar de la importante suma que le caerá al club, olvidando la pérdida de la ventaja teórica por jugarse en su campo. Y los jugadores callados porque eso puede suponer mejora de sus fichas. Da igual que tengan que hacer dos vuelos de 10 horas. Aquí ya no hay juego, solo espectáculo.
Me resulta escandaloso que se permita a emires, jeques, príncipes o reyes de Oriente Medio que inviertan sumas vergonzosas en la adquisición de clubes o en el fichaje de jugadores. No hay fair play por ningún lado. Son personajes que no tienen que dar cuenta en los parlamentos del uso del dinero público ni siquiera de como llegaron a sus manos los tesoros.
Mientras, la FIFA se inventa un campeonato más, el mundial de clubes, para mejorar los ingresos económicos. ¡Qué más da si los jugadores tienen que aguantar más de 80 partidos al año! Acabamos de ver como la Liga, en medio de esta ola de calor, ha mantenido los partidos con horario infernal porque es más importante que continúe el circo antes que tener en cuenta la salud de todo el mundo.
No sé qué valores puede transmitir hoy en día el fútbol a los niños. Pero tampoco nos servirán niños con valores si los dirigentes pierden el sentido de la dignidad humana.