Una de las noticias de esta semana sin duda ha sido el debate y votación en el Congreso de Diputados del inicio de los trámites necesarios que deberían acabar en la necesaria reforma de la Constitución para que Formentera pueda tener su propio senador. En la misma, las islas de Ibiza y Formentera figuran como un único distrito electoral, por lo que el senador que se elige es para ambas islas.
Se trata de una incongruencia y un agravio comparativo ya que es la única isla del territorio español que no tiene su propia representación en el Senado. El caso es más grave si cabe desde que la isla tiene su propio Consell Insular, habiéndose separado administrativamente de Ibiza. Para conseguir el objetivo que se viene reclamando desde hace muchos años es necesario reformar nuestro texto constitucional. Hasta la fecha nunca había parecido procedente iniciar los trámites pertinentes para dicha reforma.
Parece que en esta ocasión sí podrían darse las circunstancias necesarias para iniciar dicha reforma y que con ello Formentera pueda votar ya a su propio senador. El inicio de la tramitación de esa modificación es lo que se debatió y votó en el Congreso. La propuesta, como en otras ocasiones, venía avalada por el Parlament de les Illes Balears. Para defender la petición intervinieron en Madrid tres diputados de la cámara autonómica, una diputada del PP, otra del PSOE y el diputado por Formentera.
Por supuesto, lo relevante era la votación de dicha propuesta, que salió adelante pero lo hizo con sorpresa. A excepción de VOX, que como cabía esperar votó en contra, se esperaba el voto a favor del resto del Congreso, si bien de forma inesperada la votación dió un giro imprevisto y todos los diputados del grupo del PP se abstuvieron. La propuesta salió adelante por mayoría, pero el hecho merece su reflexión.
La abstención de los diputados del PP es realmente absurda y si nos atenemos al argumento utilizado para justificar dicha abstención la situación ya pasa a ser ridícula. Según los portavoces populares, incluidos los que están en representación de Baleares, se decidió la abstención por no fiarse de que por parte del PSOE, quieran incluirse en la futura tramitación parlamentaria, elementos que nada tengan que ver con lo del senador para Formentera. La ridiculez del argumento es de tal calibre que deja muy mal parado al grupo del PP en el Congreso y muy especialmente a los diputados elegidos por Baleares. No sé si ella era consciente de lo que iba a ocurrir en la votación, pero la que debió quedarse a cuadros fue la diputada autonómica del PP, que se desplazó a Madrid para defender el voto favorable a la propuesta y tuvo que ver cómo sus compañeros de partido no le hacían ningún caso.
Lo ocurrido en esa votación posiblemente sea el mejor ejemplo del estado actual de la política en nuestro país, basada en la gresca y el insulto fácil, sin capacidad de diálogo y consenso y con el ataque directo e indiscriminado al rival, sea el que sea el asunto a tratar. Lo que ha hecho el PP es ponerse una tirita antes de que haya herida alguna, colocándose de nuevo más cerca de la extrema derecha de VOX que de los partidos democráticos. Su posicionamiento en la votación, supone una traición al Parlament de les Illes Balears, donde tienen una mayoría de diputados, a su propio partido en las islas, al Consell Insular de Formentera, a la oposición progresista en Palma y en la menor de las Pitiusas, pero sobre todo al pueblo de Formentera en su conjunto que lleva muchos años esperando esa reforma de la Constitución, que les permita ir a votar a un senador que solo les represente a ellos.
Este es el tipo de situación que lleva al ciudadano de a pie a reflexionar sobre qué o a quién representan nuestros políticos; los intereses de los ciudadanos o los intereses del partido en el que militan. Por ello no resulta difícil comprender el constante aumento de la abstención en los procesos electorales. El desencanto en situaciones como la que nos ocupa, está más que justificado y en el caso concreto de los ciudadanos de Formentera, deberían reflexionar si el partido que aparca sus peticiones para priorizar los ridículos intereses políticos a nivel nacional, es la representación que se merecen.
Cada cosa tiene su momento y lo lógico sería actuar convenientemente cuando sea preciso. No hacerlo así es simplemente un absurdo y se acaba haciendo el ridículo como ha ocurrido en este caso.