El día grande de Santa Eulària tuvo este año un invitado incómodo. El fuerte viento asociado a Nils consiguió deslucir parcialmente las celebraciones previstas en el Puig de Missa y alteró algunos de los actos más esperados de la jornada. Las intensas ráfagas, constantes durante toda la mañana, marcaron el ritmo de una festividad que, pese a todo, volvió a reunir a numerosos vecinos y visitantes en torno a la patrona.
A las 11 de la mañana, el obispo de Ibiza y Formentera, Vicent Ribas, iniciaba la misa solemne en honor a Santa Eulària en el Puig de Misa. La ceremonia, cantada por el Cor Parroquial, se celebró en una iglesia llena hasta los topes, prueba de la devoción y del arraigo que mantiene esta cita en el calendario festivo de la Villa del Río. En el exterior, el viento azotaba con fuerza el enclave, pero en el interior del templo se desarrolló la liturgia con normalidad.
Durante la homilía, el obispo evocó el significado del nombre de Santa Eulària, «la que habla bien», para invitar a los fieles a reflexionar sobre «cómo hablamos, si nos fijamos más en los defectos que en hablar bien de los demás». En ese sentido, animó a «usar la palabra para construir, no para destruir». Don Vicent propuso asimismo aprovechar que «estamos a las puertas de la Cuaresma para proponernos dejar de lado la crítica fácil y enfocarnos más en la comprensión», vinculando así el mensaje de la patrona con el momento litúrgico del calendario cristiano.
La ferocidad del viento hizo volar por los aires los planes de la tradicional procesión, uno de los momentos más emblemáticos del día grande. Las condiciones meteorológicas impidieron que las imágenes recorrieran las calles del pueblo, por lo que las figuras permanecieron bajo la ‘porxada’ de la iglesia observando cómo los asistentes a la misa disfrutaban del tradicional vino y los buñuelos, en un ambiente marcado por las ráfagas pero también por la voluntad de mantener viva la celebración.
La Colla d’es Broll, que también acompañó la misa solemne, se vio igualmente afectada por el viento.
La prevista ‘ballada’ en el Puig de Misa tuvo que trasladarse a la plaza del Ayuntamiento para garantizar su desarrollo con mayor seguridad. Allí, el grupo musical Ima interrumpió su concierto durante unos minutos para dejar paso a la actuación de la colla. El cambio de escenario no restó participación: la ‘ballada’ congregó, un año más, a un gran número de asistentes que siguieron con atención el espectáculo.
La jornada continuó durante la tarde y la noche con el baile de salón y la degustación de productos típicos en el local del Club de Persones Majors del pueblo. El fin de fiesta estuvo protagonizado por Sa Santa Rumba, con música en directo y DJ que animaron el cierre de una jornada marcada por el viento pero sostenida por la participación y la implicación del pueblo. Así concluyó un día grande que, pese a las inclemencias, mantuvo el pulso festivo de Santa Eulària.
Desde hace unos años las fiestas del pueblo han ido en decadencia. Ya no hay nada como antaño, la gente quiere feria, actividades y fuegos artificiales. Santa Eulalia ya no es lo que era. Y encima estando en alerta naranja no cancelan todas las actividades. Después obligan a suspender actividades en otras situaciones.