En pleno centro del municipio de Ibiza, en concreto en la avenida España, se encuentra «un rincón italiano donde encontrar el cariño y el sabor de los italianos que aman Ibiza». Así definen sus responsables a Mogalí, un negocio de carácter marcadamente familiar que abrió sus puertas en junio de 2023 de la mano de Lídia Longobardi y sus hijos, Morgan y Gabriel.
Ese carácter se percibe desde el propio nombre del establecimiento, construido como un acrónimo de los nombres de la familia: MOrgan, GAbriel, LIdía y Anisia, la pequeña, cuya inicial cierra el círculo. Un proyecto común en el que cada miembro tiene un papel definido y que gira en torno a una idea clara: la calidad no es compatible con las prisas.
Ritmo
«La calidad requiere un ritmo y un tiempo concreto», explica Lídia, a quien sus hijos llaman cariñosamente la madonna de la familia. Ese concepto del tiempo atraviesa toda la filosofía de Mogalí y se materializa en los tres ejes que estructuran su oferta: el café, el dulce y el salado.
En el apartado del café, uno de los grandes protagonistas del local, Mogalí trabaja con café Pascucci, una marca italiana asociada a estándares elevados de calidad. Pero más allá del origen del grano, Lidia insiste en los gestos cotidianos que marcan la diferencia: «Cada café que hacemos limpiamos los filtros de la cafetera». Un ejemplo sencillo que resume una forma de entender el oficio basada en la constancia y la atención al detalle.
Dulce
La elaboración de los dulces corre a cargo de la propia Lídia. Entre las propuestas destacan la crostatta, las cookies y una línea de pastelería completamente vegana elaborada a partir de ingredientes como remolacha, plátano o chocolate puro. Una oferta pensada tanto para quienes siguen este tipo de alimentación como para quienes buscan alternativas diferentes sin renunciar al sabor.
Alejandra, clienta habitual del establecimiento, pone el acento precisamente en ese aspecto: «Llevaba años sin poder comer croissant», asegura, al valorar positivamente la disponibilidad de productos veganos y sin gluten en un entorno donde no siempre resulta fácil encontrarlos.
Salado
Morgan y Gabriel se encargan del apartado salado, que incluye desde focaccia fresca o pizza hasta platos como lasaña o berenjenas de Parma. Una oferta que completa el triángulo gastronómico del local y que permite atender distintos momentos del día.
Mogalí permanece abierto de forma ininterrumpida, ofreciendo tostadas para el desayuno, zumos e infusiones, así como menús de mediodía compuestos por un plato a elegir, refresco y postre. Además, el negocio cuenta con servicio de take away, pensado «para quienes prefieren comérselo en casa».
Producto
La defensa de la calidad se apoya también, y de manera decisiva, en la materia prima. «Siempre de primera calidad», subraya Lídia, quien define los productos italianos como «la verdadera estrella del negocio». En ese apartado, Mogalí ofrece una cuidada selección de quesos y embutidos.
Entre los quesos se encuentran la mozzarella de búfala, la burrata, la stracciatella o el Grana Padano. En cuanto a los embutidos, el surtido incluye speck, un jamón curado y ligeramente ahumado originario del norte de Italia; bresaola, elaborada a partir de carne de ternera curada; o pancetta coppata, un embutido curado obtenido de la panceta de cerdo. «Además de jamón serrano, claro», añade Lídia.
Detalle
Ese respeto por el producto se extiende también a la forma de tratarlo. Lídia insiste en que el corte de los quesos y embutidos influye directamente en su sabor: «El embutido no tiene el mismo sabor cuando se ha cortado con una máquina eléctrica que cuando se ha cortado con una máquina manual como la nuestra».
Se refiere a una cortadora manual de la marca FAC, que asegura es «la única que se usa en la isla». Un modelo «muy parecido a las Bérkel, las Rolls Royce de las cortadoras», que refuerza esa idea de tradición y precisión asociada al ritmo lento de la calidad.
Fidelidad
El vínculo con la clientela se construye también desde la cercanía. Lídia reparte con simpatía unas tarjetas de Mogalí en las que aparecen diez dibujos de tazas de café: «Cada vez que el cliente se toma uno le ponemos un sello y le invitamos al último». Un gesto sencillo que resume el espíritu del negocio: cuidar el tiempo, el producto y la relación con quien cruza la puerta.
En Mogalí, el ritmo no lo marca el reloj, sino la calidad.