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El pueblo «tranquilo» que se animó con un carril-bici

En Sant Miquel viven 506 personas, pero otros muchos vecinos se reparten por el campo y el Port de Sant Miquel. | ultimahora.es

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Con 2.010 personas censadas a fecha del 1 de enero, la parroquia de Sant Miquel es la mayor del municipio de Sant Joan. Sus vecinos se reparten entre el principal núcleo urbano, el Port de Sant Miquel y las casas diseminadas por el campo. En un día ventoso de febrero hay pocas personas por las calles, por lo que el mejor lugar para hablar con los vecinos es en el interior de bares y comercios.

La mayoría de encuestados aplaude el carril-bici, cuya construcción estuvo marcada por cierta polémica. «Estamos encantados, a cualquier hora hay gente paseando», explica Mª José Martínez, responsable de papelería. Eso sí, se queja de que algunos ciclistas continúan circulando por la carretera. «Habría que multarles, pero yo creo que no son del pueblo», puntualiza. Antonia Escandell, empleada de la ferretería, cuenta además que los vecinos ya lo han rebautizado: «Lo llaman el carril-colesterol», ríe. Mª José Martínez comenta con otra vecina, Fina Tur, los pros y los contras de vivir en Sant Miquel. «Es muy tranquilo y hay de casi todo, solo falta la pescadería», dicen. Kika Morini, que trabaja en la tienda de productos de comercio justo, apunta otra ventaja: «Frente a otros pueblos que se han puesto más de moda,este mantiene su autenticidad y además los alquileres son más baratos». Valeria Cova, vecina de la zona, no es tan positiva: «El parque infantil que han hecho no vale nada, pegado la carretera -se queja-, y no han organizado bien los aparcamientos porque cuando bajas de las callecitas laterales a la principal no puedes ver por los coches aparcados». Tampoco le parece bien que se pueda aparcar junto a la iglesia.

En relación al nuevo parque infantil varias madres coinciden en que «es demasiado pequeño» y en que en el pueblo faltan lugares para niños y jóvenes. «Pedimos un local social y lo construyeron, pero luego lo cerraron y así sigue», dice Mª José. Allí, los jóvenes podían reunirse, tal vez sin necesidad de ir a Vila y esperar al autobús de la una de la madrugada para volver. Porque otra de las carencias que destacan es «la falta de conexiones de autobús». De camino a su restaurante, Josefa Planells lanza otra petición: «Tienen que cortar los pinos cercanos a las casas por el peligro de incendio».

El Ayuntamiento de Sant Joan tiene prevista una inversión de 95.492,85 euros en el Port de Sant Miquel y el cerramiento de la terraza del centro social.

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