Álvaro de Astorza (Ibiza, 1978) es el jefe del Servicio de Neumología de Can Misses desde 2016. Este especialista, que trabaja en el hospital ibicenco desde 2007 tras completar su formación y residencia fuera de la isla, detalla que la situación actual de la plantilla es favorable al tener las plazas cubiertas, sin embargo, no siempre fue así. Relata que la situación del servicio se agravó especialmente a partir del año 2020 coincidiendo con la pandemia, que fue cuando coincidieron bajas y excedencias, quedando la mitad del servicio inoperativo. Incluso, en algunos momentos, llegaron a contar con un solo médico activo para atender el área de Neumología. «Hemos atravesado un periplo de tres o cuatro años en el que la plantilla ha estado al 50 % o por debajo», asegura. Sin embargo, explica con satisfacción que en octubre de 2024 se logró cubrir finalmente todas las plazas existentes, estabilizando por fin un servicio que llevaba años en una situación crítica.
—Este 31 de mayo se celebra el Día Mundial sin Tabaco bajo el lema de este año ‘Que la salud sea tu premio, que no te vendan humo’. ¿Cree usted que estas campañas anuales son suficientes?
—Para nada son suficientes, pero sí son campañas muy necesarias. Hace unos días justo leía que durante el año que se aprobó la Ley de Medidas ante el tabaquismo de 2005 la tasa de fumadores en España estaba cerca del 32 %. No obstante, hubo una oscilación tras la publicación de esta ley, ya que la incorporación de nuevos fumadores fue en descenso al igual que la prevalencia global de fumadores. Actualmente, la tasa actual de fumadores es mayor que en 2005.
—Pese a la imposición de restricciones al consumo y el aumento del precio del tabaco
—Exacto. La actualización de la nueva ley antitabaco está causando mucho revuelo desde hace un año y medio y todavía no ha salido publicada. Este revuelo se centra en la ampliación de las zonas de prohibición porque el malestar siempre se focaliza a la hora de acotar o ampliar las limitaciones al tabaco. No obstante, pese a esto, la ley, por sí sola, no cambia nada si no hay unas medidas complementarias que sean efectivas, y no sólo de castigo para la población. Estas medidas deberían ser de castigo o de penalización para la industria tabacalera porque no deja de ser contradictorio que el tabaco sea un producto legal – ya la ilegalización trae consigo muchos otros conflictos – y un producto tan aceptado y blanqueado comercialmente.
—Siempre se acaba cediendo a los intereses de la industria tabacalera.
—Si hoy en día cualquier empresa quisiera lanzar un producto de consumo similar al tabaco sería imposible. Si en los medicamentos propios apareciera un efecto secundario en una tasa muy pequeña que pudiese ser potencialmente peligroso se impediría la comercialización de ese producto porque se supone que está diseñado para curar o mejorar la salud. Las barreras o los filtros que hay que pasar hoy en día para comercializar casi cualquier producto harían inviable que el tabaco se comercializara, pero aun así se sigue haciendo porque detrás hay una gran industria. Insistir en enfocar las leyes a través de penalizar al consumidor parece que no es suficiente ni efectivo. Por ejemplo, encarecer el tabaco es una medida que castiga sobre todo al bolsillo del consumidor, pero si se tiene acceso y la persona desarrolla una dependencia, muchas personas dilapidan todo su dinero.
—¿Las leyes antitabaco han rebajado el número de fumadores en algún momento?
—Según la práctica clínica, la sensación que nosotros tenemos como servicio está sesgada porque nosotros sólo vemos a personas que tienen problemas de salud. Dentro de la Neumología el tabaquismo es la enfermedad más prevalente y no hablo de las enfermedades relacionadas con el tabaco, sino del tabaquismo como tal. Así que nuestra sensación es que atendemos al mismo número de fumadores que antes. Es cierto que ha cambiado un poco el escenario con toda esta irrupción de nuevos productos de tabaco.
—¿Se refiere al auge de los cigarrillos electrónicos y los vapeadores?
—Exacto. Estos productos son un triunfo de la industria tabacalera. Que la gente los llame vapers es todo un éxito porque ni es vapor, ni se está vapeando nada, sino que se está consumiendo un producto derivado del tabaco que es igual de nocivo. No obstante, en el imaginario colectivo, no se considera así. Está diseñado para ser atractivo entre los jóvenes y para tener la sensación de que es inocuo. Además, la legislación permite que los elementos químicos que están en la sustancia que se vapea, al estar en una menor concentración, no se tengan que especificar. Esto provoca que muchos cigarrillos electrónicos y muchos líquidos que se publicitan sin nicotina en realidad tienen bajas concentraciones de nicotina, pero las empresas no están obligada a añadirlo. El escenario ha cambiado y sigue cambiando, incluso los datos globales registran una mayor cantidad de fumadores en 2025.
—¿Estos jóvenes que vapean son potenciales fumadores de tabaco a largo plazo?
—Claro, nosotros los consideramos consumidores de productos de tabaco. Es cierto que existen diferencias entre ser consumidor de cigarrillo tradicional, es decir, ser fumador de la combustión de productos orgánicos, a ser un consumidor de todos estos nuevos dispositivos. Pero en el fondo es una forma diferente de consumir productos relacionados con el tabaco, ya que los condicionamientos psicológicos y conductuales que se experimentan son los mismos. Y, como además, muchos de estos dispositivos tienen ciertos niveles de nicotina, crean esa dependencia y adicción que luego facilita el salto, el intercambio o el uso simultáneo de las dos formas de consumo.
—¿Cuál es el perfil de los fumadores actualmente?
—Los varones son mayoría. Es verdad que a las consultas hospitalarias de Neumología ya acceden pacientes que suelen tener una enfermedad más grave, y con cierta carga, porque muchas veces el médico de Atención Primaria diagnostica esta enfermedad y la trata eficientemente en estadios iniciales. Entonces nosotros vemos a pacientes que suelen estar entre la quinta y la séptima década, que es uno de los dos tramos donde hay más fumadores. El otro tramo es desde los 25 hasta los 45 años porque es cuando las personas empiezan a tener poder adquisitivo y están en edad laboral. Ese adolescente estudiante que ha fumado un poco se establece como un fumador de diario, y muchas veces con una carga alta. No obstante, en esas edades todavía no suelen tener una enfermedad respiratoria importante o no suelen tener síntomas. A nosotros nos llegan a nivel hospitalario más pacientes a partir de la quinta década en adelante. En Baleares, el 22 % de los hombres que fuma está en esta franja de edad y, en el caso de las mujeres, es de un 20 %.
—¿Qué incidencia tiene el tabaquismo en un cáncer como el de pulmón?
—En un fumador de tabaco tradicional puede elevarse hasta el 25 % en relación a una persona que no fuma. De hecho, el tabaco supone más del 90 % de todos los cánceres de pulmón.
Si fuéramos capaces de eliminar el tabaco completamente, más del 90 % de los pacientes con cáncer de pulmón no lo tendría. Así que el papel del tabaco en el cáncer de pulmón es fundamental. El problema es que tiene un papel muy importante también en muchos otros cánceres como el de vejiga, mama o páncreas. Además, el tabaco está relacionado con otras enfermedades, no sólo las de tipo canceroso. Uno de cada tres pacientes que tiene una enfermedad cardiovascular grave coronaria, la tiene por el tabaco. Alrededor de un tercio de los pacientes que han tenido un infarto, no lo hubiesen tenido.
—El tabaco es una de las principales amenazas para la salud en el mundo.
—Sí porque el impacto sobre la salud es muy grande. A nivel mundial se estima que el gasto sanitario mundial relacionado con el tabaco es de más de 14.000 billones de dólares. En España hay 12 millones de fumadores y los decesos anuales relacionados directamente con el tabaco son 70.000 al año. Además, ya no es ese impacto directo sobre la mortalidad o sobre la salud global, sino que el tabaco es la principal causa de muerte evitable y prematura en nuestra sociedad. Si hay un elemento que acorta la vida de los adultos jóvenes o de los adultos en general es el tabaco por todas las patologías que conlleva.
—Ha aumentado el número de personas que fuman que quieren liberarse de su dependencia. Para ello, el Área de Salud tiene recursos especializados contra el tabaquismo como el apoyo en la deshabituación tabáquica.
—Afortunadamente en los últimos años, coincidiendo además con la pandemia, el Gobierno central dio un paso para que se extendiera en España la atención financiada por el servicio público a la deshabituación tabáquica. Desde entonces se está cubriendo en Baleares. Esto significa que tenemos una parte farmacológica sin barreras económicas para ayudar a los pacientes y eso está muy bien. Respecto a los recursos que tienen los usuarios que quieren dejar de fumar tenemos al equipo de Atención Primaria como conjunto. Desde el médico que prescribe los fármacos de forma particular hasta la posibilidad de formar parte de grupos coordinados por el área de Enfermería, así como un apoyo más individual.
—¿Este espacio es el primer contacto con los usuarios fumadores que quieren dejar de fumar?
—Sí, sería el centro de salud de referencia y, cuando este recurso se queda corto, existen las consultas especializados de tabaquismo para casos especiales, para pacientes con mucha dificultad o situaciones de salud grave, y usuarios que están con tratamientos complicados. Nosotros en Can Misses tuvimos durante muchos años una consulta especializada de tabaquismo, incluso fue la primera que se creó en toda Baleares. La creó el doctor Antonio Cascales, el antiguo jefe de servicio. Sin embargo, hace algunos años, coincidiendo con la falta de personal y con decisiones estratégicas, la consulta desapareció. Nuestro deseo es volver a implantarla porque, aunque el papel de Atención Primaria es imprescindible y fundamental, siguen existiendo pacientes que necesitan una atención más compleja.
—Volviendo a los recursos de que dispone el Área de Salud, ¿en qué consisten las consultas antitabaco o de deshabituación tabáquica?
—La terapia para la ayuda a la deshabituación tiene dos pilares. Uno es el tratamiento más fisiológico y médico porque las personas que fuman desarrollan una dependencia bioquímica y fisiológica al tabaco. Y la irrupción de ese consumo genera un síndrome de abstinencia. No es una cuestión de fuerza de voluntad, no es de ser más débil o no estar mentalizado, ya que no todas las personas tienen la misma dependencia a la nicotina.
Este tratamiento no hace que las personas quieran dejar de fumar, lo que hace el tratamiento farmacológico es evitar todos esos efectos físicos reales que no queremos que los pacientes experimenten cuando están dejando de fumar. Pero esa terapia sola es insuficiente en la mayoría de casos.
—¿De qué manera es importante acompañar esta terapia farmacológica?
—Es necesario que se acompañe de una terapia cognitivo-conductual. Es necesario un apoyo, una educación y una guía para que un paciente que durante varios años ha estado desarrollando un consumo y unos hábitos – que ha asociado a determinados estímulos – pueda desarrollar cambios internos que eviten esas situaciones. Entonces, aunque en los centros de salud la parte del tratamiento farmacológico recae en el médico, es esencial también la experiencia del resto del equipo sanitario del centro a la hora de realizar sesiones con los pacientes. Estas sesiones pueden ser tanto individuales como grupales porque hay técnicas de sustitución de hábitos que pueden ser válidas en general. En el caso de las individuales, hay pacientes que no sólo tienen el problema del tabaquismo, sino que tienen otras patologías que pueden interferir y que pueden suponer una dificultad en la esfera emocional, psicológica, laboral o médica. Estos problemas pueden interferir en la deshabituación.
—¿Qué beneficios se perciben en la salud al dejar de fumar?
—Siempre hay unos beneficios a corto plazo, incluso inmediatos en las primeras 24-48 horas. Estos beneficios que se perciben a las pocas horas tienen que ver con el olfato o con el gusto. Los que tienen más impacto sobre la salud tardan más en llegar. Por ejemplo, sobre el riesgo de infarto, es necesario que pasen años sin fumar para que el riesgo poco a poco se equipare a las personas que no están fumando. Con el cáncer de pulmón, el tiempo sin fumar es importante y necesario, pero para que realmente este peligro se reduzca significativamente tienes que estar un periodo muy largo sin consumir. El tabaco tiene otro problema en ese sentido, ya que el riesgo no va tanto en relación al consumo activo o no, sino a lo que se ha fumado. Es decir, una persona puede llevar tres años sin fumar, pero si durante el tiempo que lo hizo, fumó mucho tabaco, el riesgo que tiene sigue siendo muy alto. Además, el tabaco no sólo afecta a los fumadores activos, sino también a los pasivos. Hay evidencia suficiente para tener claro que el humo de segunda mano es responsable de muchas patología respiratorias, de crisis asmáticas en los asmáticos y del aumento de infecciones en los convivientes.
—Como jefe del Servicio de Neumología, ¿qué mensaje le gustaría dar a la sociedad en este día?
—Me gustaría resaltar los lemas de este año con motivo del Día Mundial Sin Tabaco. En este sentido, la Sociedad de Medicina de Familia y Comunitaria y la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica han puesto el foco en la juventud y en los nuevos fumadores. En el caso del primero, el lema se ha centrado en un mensaje que diría un adolescente en relación al vapeo y la SEPAR lo ha hecho con un eslogan más largo, aunque desde el punto de vista de la publicidad es menos efectivo. Ambas entidades hacen mucho hincapié en la adaptación que está haciendo la industria tabacalera en el marketing para atraer a los fumadores con las nuevas formas de consumo de vapeo y de tabaco.
—Ambos lemas van en contra de la industria y los nuevos dispositivos.
—Sí. Se está dando una transición en los adolescentes de cómo llegar a los productos del tabaco, ya que ahora es a través de los vapers. Hace 10 años, el porcentaje de adolescentes que habían probado o tenían acceso al vaper, no llegaba al 20 %, en la actualidad es de más del 50 %. Es decir, hay que asumir o entender que en los institutos uno de cada dos chavales ha utilizado un vaper. No ha pasado nunca con el cigarro; nunca uno de cada dos adolescentes se había fumado un cigarrillo. La percepción del vaper es que es un juguete, un cacharro electrónico que no es tan malo como el tabaco. Todos estos mensajes han calado y los jóvenes ven estos dispositivos como un elemento lúdico de las fiestas de adolescentes. Esto se ha conseguido con mucho trabajo de la industria y tenemos que estar todos atentos. Cuando vienen adolescentes a la consulta de 14 o 15 años, la pregunta es la misma que si fueran adultos. Cuando preguntamos si fuman, en general suele haber un silencio, pero cuando preguntamos si utilizan cigarrillos electrónicos, las respuestas en muchísimos casos son positivas y reconocen fumar porque consideran que no pasa nada por vapear.
El dinero manda.