La promesa de una vida mejor en España se desvanece pronto para quienes llegan sin papeles a Ibiza. Fernando Bueno y Ángel Núñez, ambos colombianos, viven desde hace meses en un asentamiento en la zona de Can Misses, donde tratan de resistir las adversidades del día a día. Su historia refleja la de muchos migrantes que, empujados por la falta de oportunidades en sus países de origen, llegan a la isla en busca de trabajo y estabilidad, pero «se topan con una realidad mucho más dura de la imaginada».
«La realidad es muy diferente a la que nos imaginamos en nuestro país. Somos invisibles sin papeles», lamentó Fernando, que lleva nueve meses en España. «Cuando uno está allá, piensa que aquí todo es más fácil, que hay trabajo y oportunidades, pero al llegar te das cuenta de que sin documentación no eres nadie», destacó Fernando durante las II Jornadas Insulares de Sinhogarismo Cada pieza cuenta, organizadas por Cruz Roja.
«Cuando uno está allá, piensa que aquí todo es más fácil, que hay trabajo y oportunidades, pero al llegar te das cuenta de que sin documentación no eres nadie», Fernando Bueno, inmigrante de Colombia.
Tanto esta persona como Ángel Núñez, que son atendidas por la organización, participaron en un taller artístico de grafiti en el exterior del auditorio de la Escuela de Turismo. Ambos relataron que su travesía comenzó hace unos meses, movidos por la esperanza de encontrar un futuro más próspero. «Nosotros alzamos vuelo con el ánimo de hallar un mejor bienestar, un mejor porvenir y darle estabilidad a la familia, que está en Colombia», explicó Fernando.
Viaje a España
Su primera parada fue Elche, en la provincia de Alicante. «Nos decían que los pueblos eran más baratos, así que fuimos allí, pero estuvimos dos meses y medio sin conseguir ni un día de trabajo», recordó Ángel. Sin opciones y con los ahorros agotándose, decidieron viajar a Ibiza alentados por conocidos que les aseguraron que «en la isla siempre hay trabajo».
Sin embargo, la realidad les golpeó con fuerza. «Llegamos a Ibiza, pero si no tienes papeles, no hay nada. La gente tiene ganas de ayudarte, pero no se arriesga a contratarte porque las multas son muy altas», explicó Fernando. Sin ingresos ni posibilidad de alquilar una habitación, ambos acabaron durmiendo en la calle hasta que consiguieron instalar una tienda de campaña en un descampado cercano a Can Misses, uno de los varios puntos donde en los últimos años se han levantado pequeños asentamientos informales en Ibiza. «Al principio dormíamos al raso, después conseguimos una tienda, pero nos echaban de todos los sitios. Finalmente encontramos un lugar donde pudimos estar más tranquilos», relató Ángel. Aun así, la precariedad marca su día a día: carecen de agua corriente y electricidad, y dependen del apoyo de organizaciones como Cáritas y Cruz Roja. Estas entidades sociales han intensificado en los últimos años su labor de acompañamiento a personas sin hogar o en situación irregular en la isla.
Según indicaron, estas organizaciones les ayudan a cubrir necesidades básicas, tramitar documentación y acceder al empadronamiento, un paso esencial para regularizar su situación. «Nos dijeron que hay que esperar dos años para poder solicitar los papeles», comentó Fernando, resaltando que han recibido apoyo para iniciar el proceso de empadronamiento, aunque aseguró que el trámite «se demora mucho». En España, los migrantes que permanecen de forma continuada en el país durante al menos dos años pueden solicitar una autorización de residencia por razones de arraigo social, siempre que demuestren vínculos con la comunidad y una oferta de empleo o medios de vida. Sin embargo, para muchos, ese periodo se convierte «en una etapa de supervivencia marcada por la falta de recursos y el miedo constante a ser desalojados o sancionados».
«Resistir»
«Uno trata de resistir, de aguantar hasta poder conseguir la documentación. No me quiero ir, vine por un propósito y quiero lograrlo. Quiero hacer resistencia hasta el final», afirmó. El mercado laboral y la escasez de vivienda agravan su situación.
«Aquí no hay trabajo para los que no tenemos papeles», lamentó Ángel. «En verano se consiguen algunas horas de limpieza o pequeños trabajos en negro, pero nadie se anima a contratar sin documentación. Además, para empadronarse necesitas un contrato de alquiler, y las viviendas están muy caras. Es imposible», agregaron e indicaron que sus familias permanecen en Colombia, ajenas en parte a la precariedad que viven.
«Aquí no hay trabajo para los que no tenemos papeles», Ángel Núñez, inmigrante de Colombia.
«Uno trata de no contar toda la realidad para que no se preocupen», confesaron. A pesar de las dificultades, ambos mantienen la esperanza de poder estabilizarse y, algún día, traer a sus seres queridos. «Primero quiero ubicarme, estabilizarme. Traer a la familia a vivir lo que uno está viviendo ahora sería muy duro», añadió Fernando.
Cáritas y Cruz Roja se han convertido en su principal soporte. Estas organizaciones les proporcionan alimentos, ropa, atención básica y orientación legal, además de mediar con las administraciones locales para facilitar el acceso a recursos sociales. No obstante, para Fernando y Ángel, el día a día sigue siendo una lucha por resistir. «Hay que seguir luchando», afirmó Fernando con voz firme, resaltando que llegaron a Ibiza con la ilusión de trabajar y ayudar a sus familias. «Aunque las cosas no sean como pensábamos, seguimos en pie, esperando que llegue el momento en que podamos decir que somos parte de este país y no invisibles por la falta de papeles», apuntaron.
1) Son inmigrantes ILEGALES, qué parte de "ilegales" no se entiende? ¿Los españoles a cumplir la ley, y los demás, no? 2) Por mucho papel que consiguieran, incluso un trabajo, incluso la ansiada paguita, no encontrarían alojamiento. Ya nadie alquila a ciertas nacionalidades que se meten de a 25 en un piso y lo destrozan. ¿Pagarán algunos justos por muchos pecadores? Pues sí... pero es que la población local ya está muy quemada. 3) Basta de lloriquear. Tomen su destino en mano y háganse responsables. Si ven que no consiguen llevar una vida digna aquí, cualquiera con dos dedos de frente se plantearía otras opciones. Pero no. A los que piden comprensión, es porque a ellos no les han okupado un terreno y se lo han dejado destruido y con toneladas de mierda. Las cosas como son. La isla no puede absorber los dramas del planeta pues ya no queda vivienda accesible ni para los jóvenes ibicencos. Me da pena y rabia ver convertida nuestra isla amada en un amasijo de chabolas. Y el día que llegue el gran incendio en un bosque y muera gente, se pedirán responsabilidades demasiado tarde.