«Llegaba a casa montado en un patinete cuando fui abordado. Uno de ellos me agarró por detrás mientras otro forcejeaba conmigo. En un instante se apoderaron de mi Rolex, valorado en 4.200 euros». Este es el testimonio que escuchó ayer la titular del juzgado de lo Penal número 2 de Eivissa de una de las víctimas en el juicio que se celebró contra los cuatro detenidos que supuestamente formaban parte de la denominada 'banda del Rolex'.
Los cuatro sospechosos, todos ellos napolitanos, se sentaron en el banquillo enfrentándose a penas de prisión cercanas a los diez años que se les pidieron a cada uno de ellos por dos atracos que finalmente se le han imputado y un tercer robo con violencia en grado de tentativa. Además, han sido procesados por falsedad documental
Tres de los cuatro detenidos, que negaron en todo momento cualquier relación con la oleada de robos de relojes que sufrió Eivissa el pasado verano y que motivó en toda la isla la presentación de unas 25 denuncias, fueron claramente identificados por dos de las víctimas que ayer testificaron en el juicio. Los tres asaltos por los que han respondido los acusados tuvieron lugar en el Paseo Marítimo. En todos los atracos registrados los ladrones actuaban con inusitada violencia, apoyados con motos y utilizando, en ocasiones, bates de béisbol para reducir a sus víctimas. La banda, a la que no se intervino ningún reloj, fue finalmente desarticulada a finales de agosto después de que la policía primero pensara que ésta había abandonado la isla y después la relacionara con el grupo napolitano al que en julio se intervinieron 235.000 éxtasis. Los robos continuaron hasta esta última operación a finales de agosto.
El fiscal pedía hasta tres años de prisión para cada uno de los acusados en este caso por ir provistos presuntamente de cartas falsas. Los sospechosos justificaron la posesión de esta documentación de la siguiente manera: «Íbamos a Eivissa de vacaciones. Todos somos napolitanos. Sabemos que tenemos mala fama y con eso pensábamos que íbamos tener problemas para conseguir alojamiento y alquilar vehículos».Asimismo afirmaron que compraron las cartas falsas en la estación de tren de Nápoles. «Allí se puede encontrar de todo», dijo uno de ellos.