«¿Cómo estáis hoy?». La pregunta provoca en Youssef un resoplido, la comisura de los labios apretada, un movimiento de cabeza y la mirada clavada en el suelo. Veinticuatro horas después del atropello mortal que se llevó la vida de una joven turista y dejó heridas a otras dos en la carretera que une Sant Josep y Sant Antoni, el trauma sigue muy presente entre quienes presenciaron la tragedia desde primera línea.
La tensión se refleja también en los pequeños gestos. Una de las compañeras de Youssef se sobresalta cuando un autobús aparece por la misma curva desde la que, apenas un día antes, irrumpió el todoterreno que arrolló a las tres jóvenes. «No hay ninguna separación entre la acera y la carretera, no entiendo por qué no han puesto nada: es un peligro», lamenta la camarera, visiblemente afectada e inquieta mientras observa a una pareja de turista en la misma acera mortal. «Me he pasado la noche limpiando porque no podía dormir con las imágenes del accidente en la cabeza».
Ella misma ha colocado una vela y unas flores en el lugar donde quedó el cuerpo de la joven fallecida, un punto que se ha ido llenando de pequeños tributos: ramos, velas y hasta peluches, ofrendas espontáneas de vecinos y turistas conmovidos por lo sucedido.
Foto: Toni P.
El auxilio
En los relatos de lo ocurrido, ya de sobra conocidos y del que sobran los detalles, los socorristas de la playa jugaron un papel fundamental en la primera atención a las víctimas. «Nada más escuchar el impacto, salimos corriendo mi compañera Julieta y yo mientras llamábamos al 112», recuerda Pablo Aroldi, uno de los socorristas que intervino en el lugar del accidente.
La escena que encontraron fue devastadora. «Había dos chicas en el suelo, una con heridas muy graves en la cabeza que sangraba mucho. Tratamos de tapar la hemorragia y ponerle el collarín, pero no se pudo hacer nada», relata Pablo, todavía con la voz contenida. «La otra chica tenía toda la espalda con un moretón gigante de las ruedas del coche. De la tercera no tuvimos constancia al principio porque estaba metida en el bar y resultó menos grave».
Su compañera Julieta, incapaz de afrontar la jornada laboral al día siguiente, optó por tomarse un respiro tras el impacto emocional. «Estamos preparados para todo tipo de situaciones, pero en el mar. Los accidentes en la carretera son todavía más duros», reconoce Pablo. Y añade una reflexión que repiten muchos de los que trabajan en la zona: «Esta carretera es terrible en cuanto a cómo van los conductores».
Lucifer100 % contigo. Que van a hacer ahora, elevar toda la calle (no entiendo que ponen carretera si es un calle)? Poner bolardos que hay que sortear? Venga ya. Lo que hace falta son controles continuos de drogas y alcohol y variando los sitios. Encima se pone siempre en los mismos lugares.