A escasos metros del lugar que ha sido su residencia durante varios meses, en torno a una veintena de personas, muchas con niños pequeños, incluso una mujer embarazada, se reunían este martes por la mañana para conversar sobre la situación que les depara tras un nuevo desalojo. Todos ellos coinciden en una cosa:los precios de la vivienda en la isla, y más en pleno mes de julio, son inaccesibles para practicamente la totalidad de las familias.
A raíz del anuncio del desalojo, muchas de las personas reprendieron la búsqueda de vivienda para la isla, encontrándose con precios excesivos y exigencias abusivas y en que en muchas ocasiones al límite de lo legal en cuanto a las fianzas que se solicitan, más allá de que la falta de regulación en cuanto a nacionalidad de muchas de las personas desalojadas complica aún más la situación para ellos.
«Pregunté para entrar en una habitación y me pedían 800 euros por persona. Una habitación que, además, tienes que compartir con más gente. Si quieres ir con tus hijos, como es mi caso, también tendría que pagar 800 euros por ellos, además de dos meses de fianza», explica Richard Medina, uno de los desalojados de Can Rova 2 y que ejerce como una suerte de portavoz de una treintenena de familias, a quienes también intenta ayudar para conseguir esa vivienda, lo cual se antoja casi como imposible.
Una de las quejas que muestra Richard es ante la falta de respuestas por parte de los Servicios Sociales. «nos dicen que nos llamarán, pero no nos ofrecen ninguna alternativa. A las mujeres con niños les han dicho de ir a Cáritas, pero los hombres no tenemos ninguna alternativa».
Búsqueda de vivienda
Esta búsqueda de vivienda es tortuosa para tanta otra gente, recientemente desalojada. Francisca también ha emprendido esa búsqueda y por una habitación en una vivienda cercana a la zona de Montecristo le piden 700 euros de mensualidad, con gastos aparte más el mes de fianza. Los problemas van más allá del precio, ya de por sí muy elevado teniendo en cuenta que se trata de una sola habitación, sino también porque solo está permitida una persona, lo cual la excluye de poder acceder a ella junto a sus hijos.
Igual que ellos, Álex también llegó a Can Rova 2 tras el primer desalojo. Él trabaja como electricista en la isla. Como es habitual en estos oficios tiene mucho trabajo y, en su caso, sí que está empadronado. Un padrón que no consigue ni para su mujer ni para su hija y que sigue sin respuesta pese a su insistencia.
Por ello, su situación es desalentadora «me he quedado en la calle, sin ideas de saber qué hacer». Pese a tener un buen sueldo y un trabajo, no es capaz de acceder a una vivienda, tal y como le gustaría.
Ante lo complicado de la situación, varios son los que piensan en partir de manera definitiva de la isla. Algunos, con rumbo hacia la Península, a destinos con una vivienda más accesible. Otros piensan en regresar a sus países de origen. Sin embargo, para otros tantos esa no es una opción debido a sus hijos, ya escolarizados y que han creado un vínculo en la isla.
EivissaEs una mujer incansable!